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Sanísimo sentido del humor

Charo Izquierdo Camino de Ítaca
7 Apr 2014 BLOG_NUM_COMMENTS

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1404-ci-sanisimo-sentido-de-humorSiempre que pienso en tópicos recuerdo una (para mí) hilarante frase del filme La Familia, en el que Vittorio Gasman le dice a Fanny Ardant algo así como "si seguimos hablando en idioma tópicos decimos que los negros tienen el ritmo en el cuerpo".

Odio los tópicos.
Incluso la propia palabra me duele.

Así que fui a ver Ocho apellidos vascos con miedo. Con miedo de asistir a una de tópicos. Y sin embargo creo que volveré a verla. Porque me ha reconciliado con los tópicos. Porque me parece un lujo encontrar un buen guión (secundado, claro por una gran actuación y dirección), adaptado con un presupuesto mínimo. Y porque me ha hecho reconsiderar una frase que utilizo mucho y que puede que haya pasado ya a la categoría de tópico... roto: en España nos falta sentido del humor para reírnos de nosotros mismos.

El hecho de que más de cuatro millones de espectadores la hayan visto y su recaudación supere los dos millones y medio de euros dice mucho sobre la posibilidad de que los españoles hayamos aprendido a tomar distancia y a vernos a nosotros mismos con esa mirada cínica que permite que nos apliquemos el sentido del humor como mínimo de igual manera que lo aplicamos para reírnos de los demás, que de eso sabemos un rato.

Yo soy de esas personas que no se ríen a lo tonto viendo una película, que es una verdadera lástima, porque en cambio lloro a lo tonto, o sea por lo más tonto, viendo una película. Así que es un milagro que estuviera riéndome desde la primera hasta la última escena, esta (estas) aderezadas por unas cuantas lágrimas, también, por esa tontería mía, ya digo, de emocionarme con el amor, con las relaciones que van más allá de lo común. Y ahí voy, que es que la película más allá de ser esa pelea ideológico-semántica entre el norte y el sur, más allá del tópico racial, de ese que define a las vascas como secas y duras y a los andaluces como "grasiosillos" sí y siempre, más allá de rollos políticos en los que no voy a entrar, que no es el lugar ni el caso, más allá de esa confrontación bestial y antigua, que ha acerado la mirada sobre el del norte, más allá de lo mucho y bueno que se coma en un lugar y las tradiciones festivas del otro..., en realidad, lo que gusta de la película es que es una comedia romántica, como esas hollywoodienses que rompen taquillas. Solo que esta es nuestra.

Cabe la posibilidad de que los españoles hayamos aprendido a tomar distancia y a vernos a nosotros mismos con esa mirada cínica que permite que nos apliquemos el sentido del humor

Hace años, me decía un director español que lo malo de nuestro país es que interesaba más una historia que sucedía en Oklahoma, aunque no supiéramos situarlo en el mapa, que una historia que sucedía en Almería. Ocho apellidos vascos se carga de un golpe también este tópico que hasta hace bien poco era bastante real. Porque los actores, los lugares, las situaciones, los acentos... todo es tan nuestro, que hasta estremece. Y nos gusta. Y me gusta. Me hace reflexionar, como entiendo que habrá hecho a esos cuatro millones de espectadores, sobre lo interesante de las vascas y los vascos, sobre lo interesante de los andaluces y las andaluzas, pero sobre todo sobre el estudio del amor que va más allá de distancias y de tópicos. Y a mí, que, sí, soy una ñoña, sobre el amor entre padres e hijos, que ya se sabe que te puedes enamorar muchas (?) veces, puedes cambiar de novio, de novia, de mujer, de marido... pero tu padre y tu madre son para siempre. Spoiler o tópico... Me da igual.


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@charoizquierdo

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