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Resistencia al fracaso

Charo Izquierdo Camino de Ítaca
23 Jun. 2014 5 comentarios

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1406-ci-la-rojaSerá porque he sido de esas personas afortunadas que en su día viajaron en un seiscientos, aguantando las babas de algún bebé y la cabeza calenturienta, digo caliente, de otro hermano, sin aire acondicionado, claro. El caso es que desde muy pequeña entendí lo que significan ciertos sacrificios y compartir. Y entendí también las frustraciones y a comérmelas. Por eso siempre he insistido a mis hijas en la necesidad de aprender a entender que todo no puede salir bien. Y que cuando no sale bien más que preocuparse conviene ocuparse. Y sin quejas, que la queja es improductiva. Y sin lamentaciones, que aburren hasta a quien las inventa. Y asumiendo las responsabilidades. Porque cuando algo sale mal, lo más fácil es mirar a derecha y a izquierda para encontrar culpable (también insisto a mis hijas y a mis colaboradores en que la culpabilidad es un concepto religioso y que mejor hay que hablar de responsabilidad) a quien echarle el muerto. Cuando algo sale mal, como cuando algo sale bien, está claro que cada uno tiene su parcela de responsabilidad.

El caso es que desde que vi perder a La Roja en su partido contra Chile, y cuando supe que tendría que jugar sí o sí el lunes 23 de junio contra Australia, sabiendo que ganando o perdiendo volvería a casa, sin su copa de campeones, he pensado mucho en el fracaso y en la frustración.

Me tiene completamente obsesionada un hecho. El saber que los jugadores han estado todos los días que separan el partido de Chile y el de Australia entrenando como si no hubiera un mañana, sabiendo que no es que haya pocas posibilidades de mañana sino que no hay ninguna. Me parece uno de los actos de amor más impresionantes que he visto en los últimos tiempo. De amor a ellos mismos. De amor a un equipo. De amor a un país y a una afición. Trabajar sin recompensa posible, sabiendo que la única es la que da el propio trabajo, el orgullo de pertenencia, me parece una actitud de vida, un amor propio, que es, en el fondo un ejemplo para una sociedad al completo. La Roja, para mí, vuelve a ser un ejemplo.

Y eso me ha conducido además a reflexionar sobre el significado que le damos a lo que llamamos fracaso.

Porque tendemos a juzgar a las personas y a sus hechos por sus últimos actos, sin tener en cuenta el conjunto. Más allá de que vuelvan a casa sin título ni posibilidades, España será campeón del Mundo hasta que el día 13 se proclame el nuevo campeón. Y, además, hay que acordarse de que lo ha sido, además de varias veces campeona de Europa. Y equipazo. Con un gran entrenador. Con un gran capitán. Con un gran equipo. Olvidémonos del último acontecimiento que ha sido el triste. Quedémonos con el conjunto.
Porque tendemos a hacer del fracaso una enmienda a la totalidad, cuando en realidad es un momento desgraciado. O, como ven en otras culturas, una oportunidad de aprendizaje.

Porque tendemos a ver en el fracaso al fracasado por siempre y para siempre. Pero, oye, paremos un momento. Que tire la primera piedra quien no haya tenido un fracaso personal o profesional, o ambas cosas a la vez (y no estar loco..., que dice el bolero)... Y qué pasa. No pasa nada. Se gana y se pierde. Y no por ganar eres un ganador que tenga que ir con la nariz para arriba. Y no por perder eres un looser, incluso aunque pierdas varias veces en tu vida.

Porque tendemos a poner un cartel de fracasado en lugar de hablar de tropiezo, lo que sería mucho más sano. Entre otras cosas porque del tropiezo quien tiene reflejos no se cae. El que se cae no siempre se hace daño.Y cuando se hace daño siempre se cura. De grandes fracasos han surgido grandes hazañas. Solo una: la autora de Harry Potter, J.K. Rowling pasó de una situación horrible en la que perdió madre, marido y trabajo, sufrió una depresión, y empezó a escribir en cafés... Y ahora es una de las mujeres más ricas del Reino Unido, concretamente la duodécima, y lo que es mejor una de las más leídas del mundo, con más de 450 millones de copias de su saga vendidas.

¿Fracasada? No, gracias.


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Charo Izquierdo, (@charoizquierdo)

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Charo Izquierdo

Charo Izquierdo

CEO, Charo Izquierdo Acciones de Comunicación

En realidad todos tenemos lo que normalmente se llama fracaso. Os confieso que el mío no lo vivo como tal. Estoy segura de que vendrán cosas y oportunidades mejores. Como todo en la vida, hay momentos buenos y otros menos buenos. Y lo sensato y saludable es vivirlo.
Emma  Gómez Gómez

Emma Gómez Gómez

Secretaria de Alto Cargo, Excmo. Ayuntamiento de León

Charo, muchas gracias por tu reflexión. La Roja es un ejemplo de fracaso del trabajo en equipo y de falta de ilusión. Me quedo con tu segundo ejemplo: una mujer luchadora que ha sabido resurgir cual ave fénix de sus cenizas. Es difícil aprender del fracaso si uno no asume con objetividad los errores y cree en sí mismo.
Laura Mozota Giralt
Interesante artículo sobre el fracaso, como tú dices, podemos verlo de otra manera más constructiva. Muchas gracias. Coincido con Maria Paz sobre tu ejemplo de la Roja, tal vez se ha idealizado algo el hecho de que entrenasen sabiendo que iban a perder, porque no sabemos si lo hicieron con ganas o sin ellas.. y entrenar, tenían que entrenar...
También me gustaría añadir que damos mucha importancia a tener éxito, cuando éste es muy relativo.
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