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Lo que de verdad importa

Charo Izquierdo Camino de Ítaca
24 Jun. 2015 0 comentarios

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Llevo muchos días sin subir ningún nuevo post, enfrascada en la escritura de otros que tienen que ver con el lanzamiento de mi primera novela, Puta no soy (Lid Editorial), así como con su propia promoción, en la que, como suele ocurrirme con casi todo lo que toco, me he implicado a fondo. Por eso, tampoco puedo resistirme a escribir el primer post de mi nueva era, en la que puedo firmar no solo con el añadido de periodista, sino también con el de escritora, relacionado con el libro. No temáis, no voy a promocionarlo también desde aquí, no por falta de ganas sino por sobra de sonrojo. Pero si voy a hablar de lo que de verdad importa en casi todo lo que hacemos, al menos en lo que yo hago: los afectos. Porque estos han afectado y mucho a su escritura, así como a lo que he sentido la semana pasada, durante la presentación del libro en sociedad, y lo que siento ahora, cada vez que lo veo..., que lo siento como un hijo. Se trata de un hijo, como expliqué el día de su llegada al mundo, que se ha apoderado de mí, que a veces ha hablado por mí, que, diría, que casi me embrujó cuando me decidió a decir que sí, que yo lo escribiría, que yo haría realidad ese sueño de Mabel Lozano. En serio, ella tenía ese sueño de que yo escribiera la novela de su proyecto Chicas nuevas 24 horas, compuesto por el documental que ha dirigido, y que lleva ese título, una exposición de fotos, una web con el mismo nombre, que atrae a masas, por cierto, y una novela basada en uno de los personajes de su película. Se trata de la protagonista peruana, porque la trata que se produce en ese país es desconocida en el resto del mundo. Es una trata nacional, cruel: mujeres y niñas, un 20% niñas, que son engañadas por redes, por particulares, por sus familias, que les hacen creer que trabajarán como camareras, que saldrán de su miseria, lo que tanto anhelan, para sumergirlas en una doble miseria, la económica y la de verse sometidas al sexo pagado por mineros, en prostibares, junto a las minas informales de extracción de oro, por ejemplo, en Madre de Dios, ahí donde se localiza parte de la novela.

He vivido con los personajes de Puta no soy durante meses, me he duchado con ellos, he discutido, reído, con ellos, me he despertado y me he acostado con ellos... Y soñado también. Y los he sentido escapar de mí en ocasiones, como escapan los hijos. Y he aprendido a quererles.

Y a eso iba. A los afectos. A lo que de verdad importa.

Esos afectos que vibraron el día 18 de junio, fecha en la que presenté el libro, con mi querida Mabel, en un extremo de la mesa, despertando la conciencia de la sala, con esa fuerza que la naturaleza le ha otorgado y esa generosidad siempre latente. Con la presidencia de la mesa por parte de mi querida Cristina Cifuentes, que era ya presidenta in pectore de la Comunidad de Madrid y que demostró su cariño a través de su propia presencia, pero además, a través de gestos, miradas y de su compromiso con las mujeres que son víctimas de trata y obligadas a ejercer la prostitución, que no son putas, que no son putas, que no son putas.

Los afectos de un hombre como Joaquín Prat, que recordó con tristeza y mucha dureza cómo tantos congéneres consumen prostitución, como quien consume un coche o un vino, sin tener en cuenta la procedencia de estas mujeres y su situación, en un porcentaje elevadísimo (un 80% de las chicas que se encuentran en clubes, saunas, calle), de vida en condiciones de esclavitud. ¿A qué le llamamos vida?

Los afectos de las miradas cruzadas de Nuria Coronado, mi editora en Lid, que compuso una mesa con un mimo exquisito y un final feliz a base de la música de Chrisstina, que nos regaló una versión de Imagine tan espectacular que aún la pienso y la siento y se me eriza la piel.

Con el afecto de la otra gran parte integrante de la mesa que fue Mirta Drago, directora de comunicación de Mediaset España, autora del epílogo de la novela, cómplice de la historia y de las mujeres que sufren la trata a través de su campaña de "12 meses", conmovida como no puede ser de otra manera cuando se es una persona sensible como ella.

El inmenso afecto de Rocío Mora, que lleva años trabajando por la reinserción social y vital de las mujeres que consiguen abandonar esta pesadilla en nuestro país, como coordinadora de Apramp, ONG fundada por Rocío Nieto, institución que está sufriendo como gran parte de las organizaciones no gubernamentales españolas el descenso de fondos públicos y la necesidad de ayuda privada (y lo digo a propósito, con el deseo de que se anime la inversión a mostrarles también a ellas sus afectos).

... Y eso queda. La magia de los afectos. La de las miradas de cariño, de los amigos y familiares, conmovidos por nuestra narración, que es la de la vergüenza de una sociedad que convive con la esclavitud. Con esas mujeres que están en las calles y que en ocasiones no tienen ni documentación porque es lo primero que les quitaron, antes de quitarles la identidad. Las miramos, pero no las vemos. Con esas mujeres a las que algunos visitan en saunas o en esos clubes de neón que cruzamos en las carreteras, camino de nuestros trabajos, de nuestros negocios, de nuestros fines de semana, de nuestras vacaciones... Las miran quienes "intiman" con ellas, pero no las ven. Mujeres endeudadas con sus captores, con sus proxenetas. Sin vida. Sin recursos. Sin reputación. Con una salida complicada para una existencia indigna, a la que les condujo la miseria, la necesidad y el deseo, qué contradicción, de una vida más digna.

Gracias por los afectos. Ojalá ellas también los encuentren.

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