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Calma activa

Charo Izquierdo Camino de Ítaca
8 Sep 2014 BLOG_NUM_COMMENTS

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1409-ci-calmaHace unos días, dediqué la mañana al sano ejercicio de jugar al golf. No es que sea mala, soy peor, pero me divierte el juego y aunque mi obsesión por el perfeccionismo me obliga a esforzarme, hace ya mucho tiempo que entendí que todo no puede salir bien ni todo puede salir bien siempre. Así que me asumo como mala jugadora que se esfuerza por hacerlo algo mejor cada vez (muy de vez en cuando) y que entre tanto procura disfrutar de algo tan maravilloso como un deporte en el que estás en contacto con la naturaleza, entre otras cosas.

Pero vamos que no voy a hablar de golf que aburre tanto a tanta gente, que una vez un político al que preguntaron si jugaba dijo: "No, yo aún practico sexo". El caso es que aquella mañana, bien temprano, lo que descubrí fue un estrés insoportable entre algunos jugadores. Y no tanto yo, que tuve suerte con mis compañeros. Pero alguien me contó que en su grupo, uno de sus colegas no les dejó en paz, a base de darles órdenes, de ponerles firmes, de exigir, de enfadarse con el resto, de protestar, de trampear..., que solo el hecho de escribirlo me produce estrés..., me imagino cómo se sentirían ellos. No tuve tiempo de quedarme después del juego, pero me hubiera gustado hacerlo para estudiar la cara de aquel jugador estresado, porque estoy segura de que tanto nerviosismo y tanta mala milk debían de transmitirse a través de su gesto. Pues no es solo la cara espejo del alma, sino que como dice Victor Küppers, en su libro Vivir la vida con sentido, "no somos responsables de la cara que tenemos pero sí de la cara que ponemos".

Estos días se nota en Madrid. Se nota que ya la gente no está tan amable, ni tan calmada, ni sonríe tanto... Es la historia de la vuelta que mosquea a tantas personas, que ni los emoticonos del whatsapp son ya tan divertidos como desde la playa. Ya vamos con prisas y no estamos con tiempo para pamplinas ni para tantas amabilidades, como si la sonrisa puntuara en negativo en el contador del tiempo.

El estrés, cuenta Küppers en su libro (sí, me ha gustado mucho y he aprendido mucho), provoca que el cuerpo segregue cortisol, que es una especie de veneno para nuestro organismo. Porque además aunque nosotros tengamos picos cortos de estrés, este, el veneno, el cortisol, aparece y se queda en nuestro cuerpo entre 60 y 90 minutos. Pero, además, es acumulable. Lo llaman veneno porque afecta al hígado, se encarga de que suba nuestra presión sanguínea, debilita el sistema inmunológico e incrementa el riesgo de mortalidad en pacientes con síndromes coronarios agudos. Total... como para no tomarse en serio lo de no ir estresado por la vida.

Eso no equivale a tomarse las cosas con calma chicha, que no hay nada que me ponga más nerviosa que la actitud retardada. Pero se puede ser rápido sin poner los nervios de punta al personal, después de habérselos puesto a uno mismo. Se puede ser rápido y activo, sin que se te ponga el corazón a mil por hora y se te agríe el carácter y por tanto el gesto. Se puede practicar lo que yo llamo la calma activa, que es la de aquellas personas que actúan deprisa con la cabeza y a veces con el cuerpo, pero que no tienes la sensación de que están nerviosos, y yo creo que es porque mantienen permanentemente la sonrisa. Qué buen ejercicio para esta vuelta al cole (es un decir) y para practicarlo durante mucho tiempo. Sonreír sin perder de vista que en dos días y medio volverán las marecidas vacaciones, aunque con frío... si el otro día me ofrecieron lotería de Navidad... ¡Y eso sí que me estresó un poco!


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Charo Izquierdo, (@charoizquierdo)

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