PREVIOUS_POST

Mitos feministas

Igualdad entre hombres y mujeres Blog de feminismo de Womenalia
4 Nov 2019 BLOG_NUM_COMMENTS

blogs_image_post_detail

Hace pocas semanas asistí a una obra de teatro sobre la vida de Gloria Steinem: escritora y periodista, pionera y figura esencial del movimiento feminista en Estados Unidos desde la década de los sesenta. A día de hoy, con sus ochenta y cinco abriles, Gloria sigue desplegando un infatigable activismo por todo lo largo y ancho del planeta.

Más allá de la figura de esta mujer, cuya exploración recomiendo a cualquiera que no esté familiarizado con ella (su historia y legado se pueden encontrar, narrados por la propia Gloria, en varios de sus libros), me gustaría compartir algunos de los mitos y realidades que la obra de teatro explora en su recorrido por seis décadas de feminismo:

“Si las mujeres pudieran llegar al poder acostándose con los hombres, habría muchas más mujeres en el poder”

Esta línea de la obra teatral desborda humor y, a mi juicio, realismo. La creencia de que muchas mujeres han utilizado el sexo como vía de acceso al poder resulta ofensiva y peligrosa en varios sentidos. Para empezar, asume implícitamente que las mujeres necesitan ofrecer favores carnales para llegar a ostentar un poder que no pueden alcanzar por méritos propios. En segundo lugar, la sexualidad femenina ha sido, históricamente, motivo de represión hacia la mujer mucho más que de ascenso social. Indudablemente, a lo largo de la historia ha habido mujeres que han utilizado la seducción como arma; pero la generalización que subyace a esta creencia (con estereotipos que aún hoy día pesan sobre las mujeres naturalmente atractivas) es profundamente denigrante.

“Es una zorra”

Esta frase es uno de los mejores exponentes del doble estándar al que las mujeres nos enfrentamos. Cualidades como la ambición, la determinación, la capacidad de liderazgo o el discurso asertivo (por citar sólo algunas) se alaban en el hombre pero, con frecuencia, se critican en la mujer, todavía hoy. La mujer dinámica, atrevida, decidida, que dice lo que piensa y persigue lo que quiere; esa mujer que no encaja con el ideal tradicional de docilidad, subordinación y gentileza, es tachada de problemática en muchos ámbitos. La obra de teatro, con espléndido humor, nos sugiere la respuesta a dar cuando alguien nos llame (literal o figurativamente) zorras: “¡Muchas gracias!”. Significa que estamos haciendo algo bien, que nos estamos haciendo notar y marcando una diferencia.

El abuso normalizado

Incluso hoy en día, pese a la mayor protección psicológica, legal, social e institucional con que la mujer cuenta frente a situaciones de acoso, es aún difícil para muchas denunciar, conseguir que se haga justicia y rehacer su vida. Así pues, pone los pelos de punta imaginar lo que debió de ser vivir en una época en la que el acoso estaba normalizado y la expresión “acoso sexual” ni siquiera existía. La exigencia de pasar por la cama de un jefe o director para conseguir o conservar un empleo no era infrecuente en muchas profesiones, no sólo artísticas sino también sociales o científicas, y tampoco era raro el requisito de disponibilidad (a saber, el de no estar casada ni tener pareja, con el fin de facilitar el “acceso” de un superior a sus trabajadoras en un momento dado). Esta dinámica pone de manifiesto el cinismo de acusar a la mujer de utilizar su cuerpo para medrar: por un lado, se les critica; por otro, es exactamente eso lo que se les pide.

Mujeres que vivieron pero jamás nacieron

La obra teatral refleja de modo devastador los trastornos mentales y el talento desperdiciado en mujeres a las que las circunstancias de la época no permitieron nacer a la vida; esto es, desarrollarse, perseguir sus sueños, vivir desde sí mismas, desde sus propios ideales y valores, y con independencia.

El aborto como derecho

El aborto es un tema controvertido y, desde mi punto de vista, lo es con motivo. Sin embargo, y con independencia de cuál sea nuestra posición actual sobre este tema, es preciso reconocer el terrible impacto que supone en la vida de cualquier mujer quedarse embarazada sin desearlo, así como el trauma que implica, tanto abortar, como no hacerlo. Es obligatorio reconocer este hecho, y más aún situado en un contexto histórico en el que la mujer no era dueña de su sexualidad ni podía prevenir el embarazo con métodos anticonceptivos. También lo es poner de manifiesto cómo, a menudo, son las mujeres pertenecientes a colectivos socialmente desfavorecidos las que más se ven en esta desdichada situación por falta de medios; y cómo impedir el aborto legal y sanitariamente controlado las condena a atentar contra su propia integridad física y, en última instancia, a no salir jamás del agujero.

La libertad sexual

Muy ligada con varios de los temas anteriores, la libertad sexual es un área en la que se ha avanzado mucho a lo largo de las décadas. Es algo bastante aceptado, también por los hombres, que las mujeres tenemos tanto derecho a gozar libremente de su sexualidad como ellos. Aun así, perviven cierta inseguridad, torpeza y desconocimiento (por parte de ambos sexos) a la hora de llevar a la práctica el goce femenino; siguen vigentes estereotipos, tabúes y mitos en torno a la sexualidad femenina que se hallan ausentes en la masculina; y quedan reductos sociales y educativos (no mayoritarios pero estremecedores) en los que la sexualidad de la mujer se somete por la fuerza, no sólo por parte de delincuentes anónimos, sino incluso en el seno de la familia o pareja. En la obra de teatro, esto se ejemplificaba, de nuevo con mucho humor: ante la pregunta de por qué jamás se ha casado, Gloria bromea: “No puedo aparearme en cautividad.”

Colaboración frente a confrontación

Uno de los argumentos más comúnmente utilizados para desprestigiar el movimiento feminista ha sido el de la competitividad malsana entre las mujeres, convertidas en auténticos depredadores las unas para las otras. Ciertamente, muchas de nosotras hemos tenido alguna experiencia directa con mujeres que, habiendo llegado a puestos de relevancia, parecen haber hecho suyo lo peor del autoritarismo tradicional masculino, probablemente mediatizadas por la ausencia de otros modelos de liderazgo a seguir. Se ha dicho que las mujeres feministas no son femeninas; parecería que dejarse por el camino rasgos considerados femeninos como el cuidado personal, o la capacidad de escucha y empatía, era condición necesaria en la lucha por la igualdad. Contra esto, la obra de teatro nos propone la idea de los talking circles: círculos de apoyo y empatía en los que hablar, compartir experiencias, comprender que no estamos solos y reencontrar nuestra fuerza en la fuerza de otras mujeres, de otras personas.

Activismo transversal

La lucha por la igualdad de género no se puede entender aislada de todas esas otras luchas legítimas que reivindican la igualdad de derechos y oportunidades con independencia de la raza, la orientación sexual… A fin de cuentas, de lo que se trata es de construir un mundo más justo para todos y el activismo en un área interactúa con las demás; los distintos movimientos se nutren y enriquecen entre sí.

Algunas de las ideas expuestas parecen de absoluta actualidad; en el mejor de los casos, evolucionadas, pero no resueltas. Otras quizá las veamos relativamente desfasadas, etapas superadas de un proceso necesario. No por ello son menos importantes, pues dan cuenta del proceso, de los sacrificios y de las vidas que se han quedado por el camino.

Cierro con otra línea magistral de la obra de teatro que me ha inspirado a escribir este artículo. Gloria comenta cómo, en vez de irse calmando, con los años se está volviendo más radical. Otra actriz replica: “La mayoría de las mujeres nos volvemos más radicales con la edad.”

En mi experiencia, no podría ser más cierto.

Por María Traver, Senior Researcher en TNS
Linkedin: María Tráver
 

Publicidad
Publicidad