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Igualdad para todos

Igualdad entre hombres y mujeres Blog de feminismo de Womenalia
2 Aug 2018 BLOG_NUM_COMMENTS

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Hoy en día, no se pone en cuestión que la mujer deba tener las mismas oportunidades y derechos que el hombre y sea igualmente capaz de desempeñar oficios y tareas antaño reservados al género masculino. Sin embargo, la puesta en práctica de esos derechos está llena de sombras. Libros, estadísticas y noticias nos lo recuerdan a diario: la situación de la mujer en la sociedad occidental aún está lejos de ser equitativa. Nosotras lo sabemos bien.

A continuación, comparto algunas reflexiones acerca de la igualdad de género en el ámbito profesional y en la sociedad. Algunas son más filosóficas y otras más prácticas; ambas son, a mi juicio, necesarias a la hora de abordar un tema tan complejo como éste:

- La igualdad en derechos y oportunidades no implica que seamos idénticos. No se trata de que todos seamos iguales, que no lo somos: entre hombres y mujeres (así como entre razas, etcétera) hay diferencias biológicas, de constitución física, fisiológicas, hormonales… La variedad, la complementariedad, enriquece el mundo. No creo que todo tenga que ser lo mismo y medirse siempre por un patrón fijo. No se trata de negar la diferencia sino de abrazarla garantizando las mismas oportunidades para todos. Lo que no se debe permitir es que esa misma diferencia se convierta en justificación para tratar peor a nadie.

- Perseguir la igualdad no debe hacernos renunciar a quienes somos. Me vienen a la mente esas mujeres que, para abrirse camino en un mundo profesional hostil y lleno de testosterona, acabaron reproduciendo en su propia conducta la parte más agresiva de los patrones de comportamiento masculinos. Igualdad es poder expresar lo que somos, no imitar lo que otros hacen. Por otro lado, aquí también subyace un estereotipo negativo hacia ellos: ni todos los hombres son así, ni todas las mujeres que se comportan de forma arcaica, inflexible o agresiva lo hacen por imitación del sexo opuesto.

- Nuestra igualdad implica la de ellos. Tampoco los hombres se libran de prejuicios: por ejemplo, se ha dicho que la inteligencia emocional de la mujer es superior a la del hombre y, por tanto, ellas serían mejores jefas, pero conozco ejemplos que lo desmienten. Ni de perjuicios: no lo tienen fácil nuestros hombres para mostrar su lado sensible o admitir su vocación familiar. Es difícil decir qué parte de las diferencias psicológicas o emocionales entre sexos tienen base biológica y qué parte es educacional, pero en todo caso, no se trata de ser idénticos en todo sino de que cada cual pueda ser lo que realmente es sin ser penalizado por ello.

- No tiene por qué haber proporciones similares de hombres y mujeres en todas las profesiones. Hay que eliminar las barreras de acceso de las mujeres a profesiones históricamente masculinas, pero eso no significa que todo tenga que terminar siendo al 50%. Para mí, la condición indispensable para la igualdad es ésta, y es doble:

  • Que no haya un sesgo de entrada por el cual las niñas crezcan pensando que no valen para ciertas profesiones, o que no deben sentirse atraídas hacia ellas (o que los niños se avergüencen de que les atraiga una profesión “femenina”).
  • Qué la mujer que quiera realizar un trabajo, sea cual sea, pueda hacerlo con las mismas oportunidades y sea valorada con los mismos parámetros que un hombre.

- Ir más allá de las estadísticas. A la hora de analizar si en una empresa hay igualdad, no debemos mirar sólo los porcentajes de hombres y mujeres en plantilla, contrataciones, etcétera, sino también la parte cualitativa: ¿de qué sirve que una empresa tenga un perfil más femenino si todos los cargos de responsabilidad los ostentan ellos? ¿De qué sirve que las contrataciones se hagan al 50% si los hombres contratados entran a puestos de gerente y las mujeres lo hacen en los estratos inferiores? Por otro lado, hemos de ser conscientes de que la presencia de mujeres en puestos de responsabilidad no garantiza por sí sola que se estén aplicando políticas de género adecuadas. Tendemos a creer que es así y muchas veces acertamos, pero otras no. Las empresas tienen una cultura heredada de su historia y comprenden múltiples equipos y departamentos con realidades dispares.

- En materia de conciliación, la realidad es compleja y se produce conflicto. No solo con la empresa, sino también entre colegas. Hay empleados haciendo horas extra para suplir las bajas por maternidad; hombres que no se atreven a reducir su jornada para cuidar de sus familias; mujeres con jornada reducida que ven cómo compañeros menos productivos obtienen ascensos mientras ellas exprimen su jornada habiendo renunciado, para colmo, a parte de su sueldo; empresas que traducen la valía profesional en presencia y horas en vez de rendimiento, actitud y aportaciones de una persona; muchos hombres que son capaces de cumplir en “presencia y horas” sólo porque sus parejas reducen su jornada para cuidar de sus hijos mientras asumen que su carrera profesional no llegará lejos; muchas mujeres sin hijos ni jornada reducida que igualmente chocan contra techos inexistentes para sus colegas masculinos, o que se convierten en el blanco de presiones para hacer horas extra solo porque no tienen cargas familiares…

La igualdad nos afecta a todos, y se pone de manifiesto la complejidad y la multiplicidad de factores y variables que intervienen. Existen aspectos psicológicos (miedos, desconfianzas…) así como culturales (diferentes estándares para hombres y mujeres en cuanto a la edad, la belleza, el envejecimiento, la vida sexual…) que se entremezclan con todo esto.

Mientras, tus decisiones sobre cómo buscar una mayor igualdad en tu realidad cotidiana, o cómo actuar cuando ésta se ve amenazada, sólo puedes tomarlas tú. Identifica dónde está equilibrada tu vida y dónde necesita un retoque; qué tareas del hogar no te molesta seguir haciendo y cuáles te frustran. Si lo que deseas es quedarte en casa cuidando de tus hijos y te lo puedes permitir, nadie debe juzgarte. Tampoco tienes por qué querer a toda costa esa promoción profesional si te va a quitar tiempo para otras cosas que te hacen feliz. No es humillante hacer más que los demás en alguna faceta si es porque quieres. Y por supuesto, si tienes una inmensa vocación y ambición profesional, ¡ve a por ello!

Vuelvo al inicio. La igualdad ha de ser en derechos y oportunidades. Su misión radica en integrar la diversidad, enriquecernos mutuamente y hacer un mundo más libre, justo y equitativo. Así, se protege la diversidad y ésta manifestará su riqueza en beneficio de todos.

A fin de cuentas, no hay nada más injusto que tratar a todo el mundo igual.

maria-traver-andujarPor María Traver, Senior Researcher en TNS
Linkedin: María Tráver
 

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Conchi
Querida María, me ha encantado tu publicación, al abordar el tema desde varios puntos de vista, abarcando al máximo la complejidad que lo caracteriza. ¡Muchas gracias! Lo comparto en mi entorno.
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