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Formas de ser feminista

Igualdad entre hombres y mujeres Blog de feminismo de Womenalia
10 Apr 2018 BLOG_NUM_COMMENTS

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El 8 de marzo, se celebró el Día Internacional de la Mujer. Y por primera vez, esta jornada iba acompañada de un llamamiento a la huelga como forma de reivindicar la igualdad de derechos y oportunidades entre ambos sexos.

Como mujer (y simplemente como persona), obviamente el tema me interesa; y algunas conversaciones que mantuve, tanto con hombres como con mujeres (amigos, familia, compañeros de trabajo), durante esos días me interesaron mucho. Comparto aquí algunas ideas que extraje de esas conversaciones: las que me parecieron más enriquecedoras, los enfoques diferentes, o aquellas cuestiones que yo no había considerado.

- La lucha por la igualdad no es, ni debería ser, una lucha de nosotras contra ellos, sino una lucha de todos contra una situación injusta. Si bien es cierto que aún hay muchos hombres cuyas creencias y comportamiento fomentan la desigualdad, no es menos cierto que cada vez más hombres creen en la igualdad tanto como nosotras. No se trata de ver quién gana: se trata de construir algo mejor para que ganemos todos.

- Impliquemos a los hombres, porque en sus vidas también hay mujeres que les importan y son muchos los que creen que su pareja, hijas, amigas merecen las mismas oportunidades que cualquier hombre en su misma situación. Además, a medida que la igualdad avanza, ellos también ganan: ¿qué hay de esos hombres que desean conciliar mejor su vida laboral y personal, ver respetada su vocación familiar tanto como la profesional?

- Hombres pro-igualdad decepcionados: el hecho de que algunos hombres excepcionales (en ambos sentidos: por extraordinarios y por escasos) se manifestaran desencantados en esos días me resultó preocupante. Si en nuestro discurso no se sienten acogidos esos hombres que se han reducido la jornada para cuidar de sus hijos, que cobran menos que sus parejas y no solo no se acomplejan, sino que se sienten orgullosos de ellas, quizá haya que parase a pensar. Algunos de esos hombres me contaron las razones de su desencanto: no todo entra (ni todos entran) dentro del mismo saco, no se puede generalizar. Hay que distinguir las desigualdades generadas por un funcionamiento aún arcaico o incorrecto de la sociedad (como la brecha salarial) de situaciones como la violencia machista que, aún alimentándose de un cierto caldo de cultivo cultural, va más unida a la agresividad de personas concretas (y que constituye un delito grave). Asimismo, hay que abordar el camino de la igualdad con una perspectiva amplia que analice los efectos de ciertas medidas en el ámbito laboral y en la sociedad en general. Estos hombres feministas comprometidos demandan matices en el discurso feminista, escala de grises en vez de blancos y negros,  así como un tono inclusivo y constructivo que no les deje fuera.

- Ganar la batalla en casa. Una amiga mía señalaba con humor: “Muchas de las mujeres, y de los hombres, que han ido a la manifestación volverán a sus casas y todo seguirá igual: serán ellas quienes hagan la cena, quienes lleven el peso del cuidado de los niños…” No se trata de culpabilizarnos a nosotras mismas sino de tomar conciencia de que la batalla se gana a cada segundo, en cada parcela de nuestro día a día, tanto como con grandes demostraciones públicas. Exijamos paridad en casa, negociemos con nuestros jefes, digamos que no sin complejos a lo no queremos, podemos o debemos hacer nosotras.

- Cada mujer es diferente, y su lucha también lo es: no creo que haya una sola mujer en el mundo que no crea que las mujeres debemos tener las mismas oportunidades, derechos, salario, que los hombres. Sin embargo, cada mujer aborda esa lucha desde lo que puede hacer en su circunstancia y desde aquello en lo que cree. Habrá quien crea en el efecto de las manifestaciones multitudinarias y quien crea más en la educación de los hijos; habrá quien sienta que cinco minutos de paro o acudir con pancartas a la junta de distrito es útil y quien no lo vea claro; habrá quien pueda hacer huelga sin más consecuencia que un leve impacto económico y quien no pueda asumir dicho impacto (o quien se vea coaccionado por su empresa). Aun compartiendo el objetivo, no todas vemos ni podemos llevar a cabo esta lucha de la misma forma. Cada gesto, grande o pequeño, privado o público, triunfe o fracase… cada gesto cuenta. Aceptemos que cada cual pelee a su manera.

- Confiemos en la evolución y el progreso tanto como en nuestra lucha. Las mujeres nos hemos incorporado históricamente más tarde a casi todo: al voto, a la universidad, al mundo laboral… No es que no quisiéramos, es que no nos estaba permitido. Si hemos empezado más tarde, en parte es natural que aún estemos lejos de donde debemos estar y parece razonable esperar que el progreso y la historia empujen a la sociedad en la dirección correcta. Sin ir más lejos, en la universidad ya somos más.

- Valores por encima de opciones políticas. He oído voces que criticaban las movilizaciones del Día de la Mujer porque estaban promovidas por partidos políticos de cierto corte ideológico. Puedo entender esta crítica porque creo firmemente que los valores y derechos humanos (la igualdad de género entre ellos) no son propiedad de ningún partido ni ideología sino que están por encima de cualquiera de ellos. Pero, precisamente porque son anteriores a cualquier opción política, deberíamos estar dispuestos a apoyar estos movimientos con independencia de quién los promueva (es decir: aunque no los aliente el partido político que nos gusta).

La manera en que cada mujer, y cada hombre activamente feminista, enfoca el tema de la igualdad, puede divergir de una persona a otra en función de creencias, experiencias y circunstancias personales. Pero si algo está claro es que nuestro objetivo es común y nuestra inquietud compartida: cada vez más todos estamos, y debemos estar, más comprometidos con un mundo más justo.

Por María Traver, Senior Researcher en TNS
Linkedin: María Tráver
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