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El debate de las cuotas de género

Igualdad entre hombres y mujeres Blog de feminismo de Womenalia
5 Nov 2018 BLOG_NUM_COMMENTS

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Uno de los temas que más debate suscita en torno a la igualdad es la imposición de cuotas de género en los consejos de administración y juntas directivas. Las voces a favor las ven legítimas y necesarias para impulsar el acceso de la mujer a puestos de responsabilidad. Sus detractores argumentan que son contraproducentes, pues facilitan que se ponga en cuestión la valía de las mujeres directivas y se sugiera que no promocionan por méritos sino porque hay que alcanzar cierto porcentaje. La vicepresidenta del Gobierno y ministra de Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad, Carmen Calvo, anunciaba hace poco la tramitación de una ley urgente para promover el acceso de la mujer a puestos directivos, la cual incluirá medidas obligatorias tales como las cuotas. Comparto a continuación algunos datos y reflexiones en torno a este asunto:

  • ¿Las cuotas son eficaces? Más allá de nuestra posición al respecto, cabe preguntarse si las cuotas, en aquellos países donde se aplican, consiguen el efecto deseado. La respuesta es un rotundo sí: las cuotas aumentan la igualdad. Con una condición: que sean obligatorias. Por desgracia, dejarlas como voluntarias es tanto como no tenerlas. La obligatoriedad implica penalizaciones y multas por incumplimiento. Si se hace, hay que hacerlo en serio.
  • ¿Frenan las cuotas la promoción por méritos? Yo pienso que no, salvo que creamos que el talento es más escaso en el sexo femenino (lo que constituiría un prejuicio de manual). Estaría de acuerdo si la presencia femenina en las juntas directivas fuera, digamos, un 40%. Pero ronda sólo un 20%, y las presidentas de compañías son menos del 2% a nivel mundial. Resulta imposible creer que, con la mujer incorporada masivamente a la educación y al mercado laboral, no se pueda elevar ese porcentaje eligiendo a mujeres con méritos y capacidades más que adecuados para el cargo.
  • ¿Convierten las cuotas en artificial lo que es un proceso natural? Hace poco, un amigo varón me comentaba que él creía que el acceso de la mujer a puestos directivos era sólo cuestión de tiempo: si nos hemos incorporado más tarde a todo (desde el derecho al voto hasta la educación) el hecho de que aún no estemos ahí forma parte de un proceso natural porque los grandes cambios sociales llevan tiempo. Me parece una reflexión sensata. Sin embargo, creo que no pasa nada por utilizar instrumentos, como las cuotas, que aceleren el proceso hacia un mundo más igualitario y justo.
  • ¿La ausencia de cuotas garantiza el ascenso por méritos? Es obvio que no. La proporción de hombres que alcanzaron sus puestos actuales por contactos personales y no mediante procesos de selección adecuados es apabullante (hay estudios al respecto). Por otro lado, ¿quién garantiza que todos los hombres sean adecuados para el puesto que ocupan? Por supuesto hay hombres muy válidos, pero quien más quien menos, también todos hemos tenido algún jefe varón que (por decirlo suavemente) no daba la talla. Yo he tenido experiencias extraordinarias y también terribles tanto con hombres como con mujeres.
  • ¿Ayudan las cuotas a resolver el problema de fondo? No estoy segura. Yo veo las cuotas como un mecanismo artificial impuesto para corregir algo que debería funcionar bien por sí mismo. Sin embargo, hay ciertos aspectos de fondo que las cuotas ayudan a paliar. Por ejemplo: es un hecho que la discriminación en la selección y promoción se da incluso de forma inconsciente. Es pura inercia psicológica, educativa y social. Se han hecho tests en los que se pedía a los managers que “seleccionasen” a personas dándoles solo información sobre sus méritos, no su género: el resultado fue un porcentaje mucho mayor de mujeres seleccionadas. Las cuotas, al incorporar a mujeres a puestos de mando, rompen esa inercia ya que colocan a más mujeres en posición de decidir quién promociona y quién no; ayudan a romper esa barrera psicológica incluso cuando el sesgo es involuntario e inconsciente.

No creo que la igualdad deba pasar por un reparto al cincuenta por ciento en todos los niveles y profesiones: para mí, la igualdad consiste en que todos tengamos los mismos derechos y oportunidades, así como libertad a la hora de elegir. Esto no tiene por qué dar como resultado la mitad exacta de hombres y mujeres en todos los ámbitos y capas sociales. La vida real no funciona a golpe de matemáticas exactas. Creo que la igualdad es un asunto mucho más complejo que los números: hay que partir de la base y abordar temas como el papel de la educación, la permanencia de prejuicios históricos, la actitud de las mujeres hacia la carrera profesional (hay estudios que muestran que nosotras tendemos a ver la vida como un crisol de experiencias y somos, por ello, más reacias que ellos a sacrificar unas facetas en beneficio de otras), los cambios sociales que conlleva (en el camino hacia la igualdad se verán alteradas otras realidades sociales en diversos ámbitos). Por estos motivos, y porque no quiero dar a nadie ni medio argumento para cuestionar mi valía, siento cierta resistencia hacia las cuotas.

Sin embargo, y dado que, por desgracia, el acceso de la mujer a puestos directivos está aún en niveles mucho más bajos de lo debería conforme a nuestras capacidades, creo que las cuotas pueden ser un buen vehículo para impulsar el cambio, al menos, hasta que la proporción entre ambos géneros esté más equiparada. Creo que tiene sentido usarlas, aceptando sus defectos y sabiendo que no atacan al fondo de la cuestión. Las cuotas son como los analgésicos: quitan el dolor pero no resuelven el problema de fondo. Son meramente instrumentales. Sin embargo, mitigar el dolor mejora nuestra calidad de vida (aunque sigamos teniendo el mismo problema de salud) y nos sitúa en mejor posición para dar los pasos que conlleva la auténtica cura.

Si en medicina, y en muchos otros ámbitos, aceptamos medios instrumentales como punto de apoyo en el camino hacia la solución del problema real, ¿por qué no habríamos de hacerlo en materia de igualdad? ¿Acaso no se utilizan también cuotas (aunque sea en proporciones más bajas) para fomentar el empleo de personas con discapacidad o de otras nacionalidades?

Por último, como con cualquier solución instrumental, su carácter deberá ser transitorio. El objetivo es un mundo en el que las cuotas, cumplida su función, dejen de ser necesarias.

Una encuesta realizada en Twitter por Womenalia muestra los siguientes resultados, ¿Qué opinas tú?

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maria-traver-andujarPor María Traver, Senior Researcher en TNS
Linkedin: María Tráver
 

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