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No reprimas tu lado malo

Sandra González Adiós amargura, Hola felicidad
13 Abr 2015 0 comentarios

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Imagina que te has propuesto dejar un mal hábito, como por ejemplo: dejar de ser tan impaciente. 

Te has dado cuenta de que esta actitud no te lleva a ninguna parte, más que a enfrentarte con los demás y a sufrir mucha frustración e incomodidad.

El problema de proponerte "dejar de... (en este caso) ser impaciente", es que la próxima vez que hables con tu jefe, por ejemplo, probablemente te repitas mentalmente: "no voy a perder la paciencia", "no voy a contestar bruscamente", "no voy a enfadarme", "no voy a resoplar", etc, etc.

Así que mientras tu jefe empieza a hablar de su último campeonato de golf, dejando con ello de prestar atención a lo que tienes que decirle, lo que harás es contenerte. Tragarás saliva con dificultad, probablemente empieces a mover una de tus piernas, intentarás mantener una bonita sonrisa mientras asientes con la cabeza con la intención de darle a entender que te interesa lo que dice, y saldrás del despacho con los puños apretados, y mucha frustración.

Seguramente una parte de ti, te dirá "bueno, los conseguí, no he perdido la paciencia, he sido suave, educada y no he dicho nada fuera de tono". Y poco minutos después alguien dirá algo inapropiado y tú estallarás cuál olla exprés, liberando toda tu furia sobre cualquiera que se te ponga delante.

El problema, no es solamente tu estallido por contener tensión, sino que además no habrás conseguido dejar de ser impaciente, sino sólo reprimir tu impaciencia. Y es que tu aparentemente tranquilo estado externo, en tu reunión con tu jefe, no se correspondía para nada con tu agitado y frustrado estado interno.

¿Qué cómo lo sé? Pues porque si tu estado interno y externo concordaran, no estarías frustrada ni molesta.

La clave para cambiar de hábitos es: Plantéate tu objetivo de forma positiva.

Es decir, en lugar de proponerte "dejar de ser impaciente", propónte como nuevo hábito "escuchar sinceramente y con interés a los demás", por ejemplo. De esa manera, tu objetivo no será contenerte, sino practicar una nueva manera de relacionarte con los demás.

Tu atención no estará puesta en controlar tu impaciencia, sino que tu mente estará inmersa en la conversación del otro, captando informaciones nuevas y debatiendo el tema con la otra persona. La impaciencia no tendrá lugar porque tu mente tendrá otro objetivo diferente: prestar atención al otro (no a tus prisas, o exigencias).

Practica mucho tu nuevo hábito, sé paciente, y una vez consigas que exista coherencia entre tu estado interno y externo, será sin duda señal de que habrás conseguido sustituir tu mal hábito por otro más saludable para ti y tus relaciones con los demás.

¡Plantéate los objetivos de forma positiva! :)

Un abrazo!

Sandra.

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