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Urbanitas verdes: ¿Volvemos a las raíces?

Eva Zorzano Zorzano A escala humana
13 Nov. 2014 7 comentarios

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La semana pasada os contaba aquí, algunas sencillas técnicas contra el estrés y el nerviosismo que la actividad diaria nos provoca a menudo, y mis costumbres preferidas para librarme de esa carga de presión del día a día.

Hoy, me gustaría compartir también un fenómeno sobre el que leo mucho últimamente y que me parece muy interesante, porque creo que es otra técnica que tienen algunos contra el estrés, y porque es además un ejemplo claro de cómo nuestra sociedad está cambiando, y con ello nuestra mentalidad, positivamente, según lo veo yo.

Se trata del fenómeno de los huertos urbanos, o urban farming o como lo queramos llamar, porque además no es una novedad exclusiva nuestra, es algo que hace años se extiende por el resto del mundo.

Creo que estaremos todos de acuerdo en que nuestra sociedad, cambiante y dinámica, se mueve cada vez más conscientemente y más rápido, hacia un nuevo modo de vida, urbana sobretodo, más sostenible y más responsable. Lo Eco está de moda, lo biológico, lo orgánico,... Pero está de moda porque cada vez nos preocupa más a todos nosotros lo que consumimos: lo que comemos, lo que vestimos, cómo se ha producido, dónde y por qué.

No vale ya cualquier avance en nuestra vida cotidiana, sin tener en cuenta sus consecuencias ambientales y su huella para el futuro. Tampoco podemos permitirnos ya el gasto energético y el despilfarro del pasado, los proyectos y los nuevos productos se estudian en base a su coste inicial, su logística y su mantenimiento a largo plazo.

Y en el aspecto más personal, en la mentalidad de todos nosotros, estos cambios y esta evolución en nuestros planteamientos, nos han llevado a "repensar" muchos aspectos de nuestra vida. La crisis económica y las nuevas condiciones sociales, han tenido un efecto directo en nuestro día a día.


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Y este fenómeno de los huertos urbanos creo que está directamente relacionado con nuestra nueva mentalidad. Por un lado, el mero hecho de que en nuestros días, en que en el mercado, o en internet, podemos encontrar de todo, en cualquier época del año, es curioso que surja una moda para cultivar en nuestro ambiente, en nuestras ciudades los productos de temporada, de la zona y con un cultivo tradicional, porque los huertos urbanos suelen ser biológicos, con métodos naturales de fertilización y sin tratamientos. Podemos recibir en casa en 24 horas el producto que queramos, pero ahora ¿preferimos de nuevo el que hemos cogido en la huerta, con nuestras manos, unas horas antes? ¿Volvemos a nuestras raíces? No hay modificación genética alguna en el tomate, feo y medio maduro que hemos plantado y trabajado durante meses y que nos comemos orgullosos, y esa es una de las claves, creo yo.

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Por otro lado, la huerta se valora hoy, no por la tierra, no por la propiedad, ya no existe ese arraigo a la propiedad de la tierra, sino que se valora el uso de la misma, el cultivo y el disfrute de ella. Por ello, ahora Ayuntamientos y otros organismos públicos, ante esta demanda ciudadana, y con la circunstancia de la falta de desarrollo urbano y constructivo, están licitando el uso de huertos en el casco urbano, a modo de concesión por tres o cuatro años. Los "solares" o futuros solares son un buen lugar para acondicionar huertas y espacios de ocio relacionados con las huertas urbanas y la demanda de estos pequeños terruños se incrementa año tras año.

Y no es una actividad que atraiga a jubilados y prejubilados, no únicamente, es un tipo de ocio demandado por jóvenes y mayores, familias con niños que quieren enseñar a sus hijos cómo se cultiva lo que comen y personas que en sus familias vieron hace años el cultivo de la huerta y ahora quieren recuperar ese contacto con lo natural.

Por otra parte, además de este uso particular, aunque promovido en muchos casos por administraciones públicas, existen otras formas de huertos y "granjeros de ciudad". En las imágenes que acompañan este post, de Brooklyn-grange, podéis ver la mayor huerta en una cubierta de un edificio en Nueva York, pero no es la única, en la que producen toneladas de verduras al año y tienen incluso panales de abejas cuya miel venden en los mercados de la ciudad.

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Hoy en día, además, se calcula la huella de carbono de los productos y las producciones, y hay ciudades (como Ámsterdam) que han llevado a cabo estudios de lo que costaría producir en la zona los vegetales para el consumo de la ciudad y el ahorro energético que supondría en costes logísticos, así como su repercusión en la economía regional.

Creo que esta nueva tendencia de los "hortelanos de ciudad" no es solo una técnica anti estrés, ni un modo de ocio pasajero, sino que indica que cada vez más nos preocupamos del entorno y de nuestra forma de vivir la ciudad y de alimentarnos. La ciudad ya no queremos que sea esa máquina alimentada por el resto del territorio, al coste que sea. Los nuevos urbanitas verdes quizá consigan dejar una ciudad mejor para el futuro. ¿Qué os parece?

¡Que tengáis una gran (y natural) semana womenali@s!


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Eva Zorzano Zorzano
Gracias por tus comentarios José Antonio,
estoy de acuerdo en que la vuelta a lo natural siempre es lo más positivo, y si la tendencia actual está subvencionada o promovida tampoco le veo el problema. Sí que es verdad que ahora intentan vendernos como sostenible lo que está tan lejos de serlo...
Saludos
JOSE ANTONIO  PADILLA RIBERO
Hay una moda ambiental -con subvenciones detrás ¡importante!- que lleva a que compañías en la antípodas de lo natural y despreocupadas por la ecología como filosofía, contraten ¡hasta colmenas en la azoteas de los edificios!
Bien, muy bien, por los ayuntamientos que ceden las parcelas. Esto sí es volver a lo natural, porque las suelen explotar personas con la preparación y los conocimientos adecuados. Esto es la Madre, es lo natural.
JOSE ANTONIO  PADILLA RIBERO
También le sirve para comentar dónde ha estado y publicitar un restaurante (seguro que por su cosmopolitismo -inducido- habrá estado en muchos otros sitios y la satisfacción es la misma). Está bien desde el punto de vista ambiental y de ahorro de energía. Pero permíteme dudar de calidad de las verduras. Creo que allí se producen pocos tomates feos.
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