La mujer más poderosa
Una renombrada revista norteamericana da a conocer un par de veces al año su opinión acerca de las personas más ricas o las más famosas del mundo. Posteriormente, la inmensa mayoría de los medios informativos trasladan a la opinión pública esos resultados y, así, del uno al otro confín, se sabe cuál es la actriz que más dinero gana o el deportista que acumula más millones, aunque no sea por su éxito deportivo, sino por lo que obtiene a través de la publicidad.
Estos días se habla de la mujer más poderosa del mundo y, aunque el primer puesto parece que le corresponde a Michelle Obama, esposa del presidente de EE UU, por estas latitudes se sitúa a la canciller alemana Angela Merkel en ese lugar de privilegio. Muy cerca se encontraría una presentadora de televisión y la presidenta de Brasil, Dima Roussef. Por si alguien tiene interés en saberlo la primera -y única española- en la lista es Patricia Botín, presidenta de Banesto, que ocupa el puesto 38.
En cualquier caso, lo que llama la atención en estas clasificaciones es la fugacidad con la que pasan por ellas la inmensa mayoría de las personas nombradas, ya que no suelen estar ahí por ellas mismas, sino por los puestos que ocupan. Hoy, por ejemplo, resulta imposible encontrar en la lista al otrora todopoderoso Dominique Strauss-Kahn, que acabó perdiendo su poder en el cuarto de baño de la habitación de un hotel de cinco estrellas. Y ya que aquí se habla de mujeres, tampoco la revista recuerda hoy a quien durante mucho tiempo ocupó ese primer puesto y que ahora ocupa Michelle Obama: la temida Condoleezza Rice. Si en España alguna publicación hubiese seguido un criterio parecido al de la revista norteamericana, seguro que en los primeros lugares de las mujeres más poderosas de este país en algún momento hubiesen aparecido aquellas ministras que en su día ocuparon la portada de una conocida revista de modas o quienes las sustituyeron sin conseguir aportar a la sociedad española lo que ésta necesitaba. Pero, parodiando el título de una conocida película, ¿quiénes hablarán de ellas a partir de ahora?
Quizás por esa provisionalidad, tanto en la responsabilidad como en el famoseo, merece la pena hablar aquí de Maruja Ruiz, una dirigente vecinal de Barcelona que rechazó la medalla de la ciudad tras alegar que la agradecía de todo corazón y que significaba un orgullo recibirla, pero que no podía aceptarla de manos de un regidor que representaba todo aquello contra lo que ella vino luchando durante más de cincuenta años.
Maruja nunca será la mujer más poderosa del mundo ni de España, pero su ejemplo, sin ninguna duda, sí es poderoso hoy y siempre.
Fuente original de la noticia: El comercio.es